La otra cara de la misma moneda

Autor: Bernardo Romero

El Centro histórico de la ciudad de Querétaro es el punto focal del turismo del estado. Embellecido, lleno de locales y actividades para atraer turistas locales y extranjeros con gran variedad de productos, restaurantes, hoteles, museos, exposiciones, edificios históricos. De un lado de este se encuentra el río Querétaro, que en algún momento fue fundamental para el desarrollo del día a día de la ciudad.

Pasando del otro lado del río se encuentra La otra banda, barrio vivo de arte, de su gente, sus problemáticas y sus soluciones.

Al comenzar el recorrido nos recibió Israel, miembro de la organización “la otra bandita”. Nos dió un poco de información del origen de la otra banda como barrio y cómo era vivir en la zona antes del boom de crecimiento que aconteció en la ciudad en las últimas tres décadas.Él contaba cómo el río, cuando todavía tenía caudal, albergaba muchas especies animales.

Una de estas especies eran tortugas de río, las cuales usaban el flujo del río para meterse a las piletas de la casa y, simpáticamente, usarlas como una suerte de resbaladilla, subiendo y bajando por la corriente de agua, jugando. 

Tomamos rumbo hacía los adentros de la zona, caminando por la calle Corregidora hasta dar una vuelta a la izquierda y comenzar nuestro recorrido, con camino al templo de San Sebastián. La plaza estaba tranquila y amena, siendo nosotros los únicos presentes. Las edificaciones presentan el típico color rojo terracota, característico del adobe que yergue a las mismas. El templo, de la misma manera que la plaza, se encontraba solo, gracias a la hora y el día. Una pancarta en el patio de la iglesia promocionaba con particular emoción la misa de bienvenida del presbítero Aaron Chavero. 

Del otro lado de la acera, la primaria pública “Presidente Miguel Alemán” se presentaba cerrada (por que claramente el ciclo escolar no había comenzado todavía). En otro de los edificios de la plaza se encontraba una exposición de arte contemporáneo, al cual no entramos, pero por lo menos saludamos a los encargados de limpieza y seguridad del lugar, quienes fueron muy amables con nosotros. 

Siguiendo con nuestro camino, nos adentramos más al barrio, donde las formas estructurales de las casas y otros edificios se hacían cada vez más abstractos e uniformes. Las edificaciones se erigían altas, de varios pisos de altura, unos más altos, otros más bajos. La pintura en cada una de ellas era diferente (en el caso de que hubiera).

 Al final de la calle se encuentra un puente, ya que debajo de él las vías del tren tajan a la mitad al barrio. El puente está lleno de grafitis y más medidas de seguridad de las que me percaté. Malla para no caerse del mismo, otra red de malla por si de alguna manera logras caer, y protecciones para las cargas eléctricas de las vías del tren. Me hizo pensar cuantas cosas tuvieron que haber pasado en esa zona para que implementaran todas esas medidas. Al mismo tiempo que cruzábamos el puente, alguien proveniente de la zona, o por lo menos eso intuímos con lo que le comentó a uno de nuestros compañeros; textualmente: “hay mucha banda aquí, hagan paro para partirle la madre a los del otro barrio”. Un arcoíris se asomaba por encima de las vías del tren a la lejanía. 

Pasando el puente, nos sentamos en unas gradas frente a una cancha multiusos, y nuestro guía Israel nos platicó un poco más de la zona, pero yo, estaba perplejo ante lo que estaba viendo, o por lo menos creí ver junto con varios de mis compañeros, que era un sujeto con los pantalones hasta los muslos y tapándose la zona frontal. No dejaba mucho a la imaginación sobre lo que estaba haciendo.

El grupo se separó en dos y recorrimos un camino donde, una casa sobresale del resto. Escondida en una esquina, de aproximadamente 4 metros de ancho y apenas 3 de largo, rodeada de basura y con un techo de ladrillo pero recubierto por casi exclusivamente envases de detergentes y otros productos de limpieza.

Seguimos nuestro camino hasta llegar al mercado de El Tepe, el cual estaba cerrado por la hora y por el día. Se nos mencionó que los tianguis son los jueves, viernes, sábado y domingo, pero especialmente el domingo es el día de mayor concurrencia. Yo ya había ido en dichos días, y puedo confirmar el dato. 

Finalizando nuestro trayecto nos acercamos a las instalaciones de la organización, con la calle repleta de murales que representan al barrio, con tortugas, tamaleras, mercaderes, entre otros. En las instalaciones de “la otra bandita” donde era anteriormente una cantina donde acontecieron riñas y se llevaba a cabo la prostitución; ahora es un espacio didáctico que busca educar sobre todos los aspectos de la vida y guiar a gente de todas las edades por un camino mejor. 

Los barrios que visitamos enseñan a todo su esplendor lo que son, sin disculpas ni trabas, están orgullosos de quienes son y lo que representan. Se les impuso el nombre de La otra banda para excluirlos, para demeritarlos y denigrarlos. Pero ellos lo ondean con orgullo. 

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