Alameda Hidalgo, vista desde el otro lado de la av. Ignacio Zaragoza.
3 de septiembre de 2024.
Autor: Ramón Thomas
La Alameda Hidalgo se ha convertido en el epicentro de un conflicto silencioso pero palpable. Mientras las máquinas excavan, se siembra en todos una pregunta: ¿Son estas obras una solución efectiva, o un parche temporal en un entorno cada vez más vulnerable al cambio climático?
Para quién se detiene a observar, resulta obvia la inmensidad de historias que puede contar el paisaje urbano de Querétaro. En muchos sentidos, aún conserva una esencia salida de otra época, aunque sea equiparable a la de un azulejo viejo visible sólo a través de las roturas del nuevo. Evidentemente las cosas están cambiando, pues el mundo lo hace el doble de rápido. La Alameda Hidalgo, uno de los corazones verdes de la ciudad, no es la excepción. Las obras actuales, destinadas a modernizar la infraestructura y mejorar el transporte público, figuran tanto como bendición, como maldición. Mientras algunos aplauden la visión de un Querétaro más conectado y eficiente, otros ven sus vidas interrumpidas, sus negocios amenazados, y la esencia misma de su comunidad en peligro.
“Es complicado,” comenta un peatón de la zona, “la obra es necesaria, lo entiendo, pero estos meses mi ruta ha sido un caos. Agradezco que mantengan la maquinaria a la orilla, pero siempre la cambian de lugar, y por eso se amontona demasiado la gente. Aparte de molesto, lo siento inseguro por experiencias previas.” Aquí radica la paradoja de nuestro tiempo: el progreso es necesario, pero a menudo su costo es demasiado alto para aquellos atrapados en su camino.
Paso reducido por la maquinaria utilizada para la obra.
Y he aquí una cuestión aún más profunda: en un mundo donde el cambio climático se está acelerando, ¿son estas intervenciones urbanas las adecuadas para garantizar un futuro resiliente? ¿O estamos sólo poniéndole un parche al problema, sin mirar más allá de nuestro limitado horizonte inmediato?
Adaptación al Clima
Las obras en la Alameda Hidalgo comenzaron en mayo de 2024, financiadas con un presupuesto de 10,655,560 pesos mexicanos, según cifras oficiales de la Secretaría de Obras Públicas del Municipio de Querétaro (2024). El proyecto pretende beneficiar a 645,000 ciudadanos mediante la mejora de las estaciones del QROBus y la repavimentación de las rutas principales. Sin embargo, como en todo proyecto de infraestructura en un área urbana congestionada, el camino ha resultado todo menos sencillo.
“Desde que comenzaron las obras, hemos tenido que adaptarnos constantemente,” dice un trabajador en el sitio. “Las lluvias han sido un verdadero problema este año; las tormentas dañan el pavimento recién colocado, y en general ralentizan nuestro trabajo.” Esta es la realidad con la que se enfrenta Querétaro y muchas otras ciudades: el cambio climático dista de ser un concepto abstracto; es una fuerza activa que altera directamente la forma en que se construye y se mantiene la infraestructura de cualquier ciudad.
El ingeniero encargado del proyecto también resalta estos desafíos. “También tuvimos que reconsiderar algunos de los materiales que estábamos utilizando,” explica. “Aunque el concreto hidráulico es más resistente, también estamos explorando pavimentos permeables que permitan una mejor absorción del agua de lluvia. Lo vemos como solución parcial, pero es mejor que nada. Y yo lo veo como un buen paso para lo que viene.”
Estación QROBus casi terminada.
Sin embargo, los pasos medidos no bastan cuando el clima no cesa de avanzar a zancadas. Según un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO, 2024), la frecuencia de eventos de lluvia extrema ha aumentado en Querétaro en un 35% en la última década. Este tipo de datos subraya la urgencia de repensar cómo se diseñan y ejecutan los proyectos urbanos, con una enfoque particular en la sostenibilidad a largo plazo.
Economía Local
El impacto económico de las obras es otro frente de batalla. Con más de 10 millones de pesos invertidos, esta intervención definitivamente no es poca cosa vista en contraste a otros presupuestos. A pesar de esto, la inversión económica no siempre se traduce en abundancia inmediata para todos los listados como beneficiarios. “Desde que se iniciaron las obras, hemos visto menos interacción con los negocios locales,” continúa comentando un trabajador. “Los clientes simplemente no quieren lidiar con el caos del tráfico y las barreras de construcción. No se les puede culpar.”
Tráfico regular en la alameda.
La frustración es cada vez más compartida por quienes frecuentan la zona. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2024) revelan que, en áreas afectadas por obras de infraestructura prolongadas, los negocios locales suelen experimentar una disminución significativa en sus ingresos, a veces hasta del 40%. Estas cifras nos llevan a cuestionar cómo se priorizan y planifican los proyectos de infraestructura en Querétaro, así recalcando la importancia de nunca ignorar estos efectos colaterales, a pesar de muchas veces no ser contemplados de manera oficial.
El Colegio de Arquitectos de Querétaro ha puesto sobre la mesa la falta de una estrategia de comunicación efectiva y coordinación entre las diferentes agencias gubernamentales involucradas. “Es un problema de coordinación,” dice un representante del Colegio. “A menudo vemos cómo las obras se detienen o se retrasan debido a la burocracia y la falta de planificación estratégica. Esto no solo afecta la eficiencia del proyecto, sino también la vida diaria de los ciudadanos.”
Cabina de residencia de obra.
Y es aquí donde el tema del cambio climático y la sostenibilidad se entrelaza con el de la economía local. En un entorno donde cada peso cuenta, ¿estamos haciendo lo suficiente para garantizar que nuestras inversiones en infraestructura sean sinónimo de construir una ciudad más resiliente? Según un informe de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA, 2024), las inundaciones urbanas causadas tanto por falta de drenaje adecuado, como por pavimentos impermeables han aumentado en un 20% en los últimos cinco años. Integrar infraestructura verde no solo podría reducir este impacto, sino también mejorar la calidad de vida urbana.
La Voz de la Comunidad
Más allá de los números y las estrategias de planificación, hay una dimensión humana en la historia de la Alameda Hidalgo que no debe ignorarse. “Uso esta ruta todos los días para ir al trabajo,” dice un transeúnte habitual. “Al principio fue difícil, había mucho polvo, muchas desviaciones, pero ahora que veo el progreso, me siento optimista. Pero también he visto lo que estamos perdiendo. No solo aquí, si no en la ciudad en general, parece que cada vez hay menos árboles y más cemento.”
Estación QROBus terminada.
Este sentimiento refleja una preocupación mayor sobre la dirección en que están yendo nuestras ciudades. ¿Estamos construyendo para el futuro, o simplemente tratando de mantener el ritmo del presente? “Me preocupa un poco que se estén quitando áreas verdes y que el pavimento no absorba bien el agua de la lluvia,” añade el transeúnte. “Estaría bien que pudieran incorporar más espacios verdes o soluciones que reduzcan el impacto ambiental.”
Estas voces no son solo quejas intrascendentes; los hechos las legitiman como advertencias sobre un futuro que ya está aquí. “Es crucial integrar materiales y diseños teniendo en cuenta la sostenibilidad,” afirman desde el Colegio de Arquitectos. “Se pueden utilizar pavimentos permeables que permitan la filtración del agua para reducir las inundaciones, así como incorporar más áreas verdes en los planes urbanos.” Lo sugerido anteriormente no es solo una opción, si no una necesidad crucial en un mundo donde los eventos climáticos extremos se están convirtiendo en la norma, no en la excepción.
Y no solo los transeúntes o los arquitectos están preocupados. Los propios trabajadores de la obra reconocen que hay margen para mejorar. “Creo que todavía nos falta hacer más para que las obras sean sostenibles,” comenta uno de ellos.
Estación terminada, ahora vista de lejos.
Hacia el Futuro
El desarrollo de la Alameda Hidalgo es más que una simple obra de infraestructura; es un reflejo de las tensiones entre el progreso y la preservación. En un momento donde el cambio climático está redefiniendo la forma en que vivimos y construimos, cada proyecto abre la puerta para innovar, pensar de manera diferente, y construir un futuro en verdad contemplando al grueso de la población. La alternativa es mantener el status quo, cerrar las verdaderas oportunidades a unos pocos, y dejar a los más desaventajados en las manos de un futuro gris.
Los datos están claros. Las lluvias serán más intensas y las olas de calor más frecuentes. ¿Estamos listos para esta nueva normalidad? ¿O estamos construyendo con bloques de material anacrónico? “Necesitamos pensar a largo plazo y no solo en la funcionalidad inmediata de las obras,” concluyen desde el Colegio de Arquitectos. “Las infraestructuras deben ser diseñadas para ser resilientes ante eventos climáticos extremos, como lluvias torrenciales o calor extremo. Tenemos garantía de que vendrán, por lo que recalcamos la importancia de no solo usar materiales duraderos, sino también de planificar drenajes eficientes y sistemas de alerta temprana para inundaciones.”
El paisaje ha cambiado no solo en apariencia, si no en tráfico y caos general.
A medida que Querétaro continúa creciendo y evolucionando, el desafío será encontrar un equilibrio entre lo demandado por el ritmo del mundo y la sostenibilidad, asegurando que las futuras generaciones disfruten de una ciudad que no solo sea moderna, sino que también esté preparada para enfrentar los desafíos climáticos que están tocando nuestra puerta.
Es prudente ver a la obra de la Alameda Hidalgo como reflejo de un dilema mucho más grande. ¿Esperaremos a tener la soga apretada en el cuello para comenzar a cambiar, o tomaremos iniciativa ahora? La elección correcta es obvia, más no tan conveniente para la forma en la que estamos organizados. De tomarla, hemos de ir en vía contraria de muchas cosas establecidas, pero es mejor pagar el precio hoy, para el día de mañana no vernos abrumados con los intereses.

